Lecciones de vida, por Kase.O

En busca de la vida perdida

Por causalidad me he topado con esta entrevista al rapero Kase.O, del que desconocía su existencia hasta que lo descubrí en el blog de n0sce. El rap es un género que no sé apreciar, quizá porque en mi infancia y adolescencia me refugié en la música clásica y el pop. No sé si con los años tendré paladar para apreciar el arte de los raperos, pero puedo asegurar que me han encantado las reflexiones sobre la vida que he leído en la entrevista enlazada al comienzo de este artículo. Javier Ibarra, nombre real del protagonista de hoy en Sobrevivir, sabe de lo que habla, y lo resume perfectamente en la siguiente respuesta, a la pregunta de si medita o reza con frecuencia:

“A diario, hermano. Cuando me despierto doy mis gracias, rezo un par de veces y en la ducha enfoco el día. Ese momento es importante para mí. Después hago mis estiramientos, mis movimientos de cuello y mi conversación o deseo de que todo vaya bien. Por la noche igual. Ayer estuve muy malo y aún así dando gracias de saber que podía estar peor. El agradecimiento es vital porque si no vas por la vida pidiendo y pidiendo cuando ya tienes mogollón de cosas. Das a un interruptor y hay luz, a un grifo y hay agua…las pequeñas cosas a las que no les damos importancia. La belleza del planeta es para dar gracias. Eso lo hago a diario y me tranquiliza. Pido cosas también, por supuesto, pero antes doy las gracias.”

Y añade, tras la siguiente pregunta:

Desde el Jazz Magnetism empecé a quererme más, que es la clave. Empecé a respetarme y a perdonarme. Te vas desconectando de ti mismo, haces lo que los demás quieren, te dejas llevar y eso te lleva al desastre.”

La gratitud como permanente actitud vital, la oración, el quererte a ti mismo (que es la clave), el respetarte y el perdonarte, son las claves para reconectarte contigo mismo, y por ende con la vida. De lo contrario, te conviertes en una marioneta y eso, efectivamente, te lleva al desastre. Kase O. ha dado en el centro de la diana. Me rindo ante sus palabras.

Sólo cuando has tocado fondo, pero fondo de verdad, comprendes algo que no te enseñarán jamás en la escuela. Que la persona más importante de tu vida eres tú. Que nadie tiene derecho a maltratarte. Que la caridad bien entendida comienza por uno mismo. Y que estamos aquí para ser felices siendo nosotros mismos, y no niños buenos y obedientes mendigando cariño de gente que no te quiere, porque ni siquiera se ha preocupado de saber quién eres.