El diálogo interno

Antonio Machado dejó escrito para la posteridad que «quien habla solo, espera hablar a Dios un día». Todos hablamos solos, ya sea en voz alta o en silencio, pero eso no quiere decir que vayamos a hablar con Dios. A menudo sucede justo todo lo contrario. Esas conversaciones con nosotros mismos, si has sufrido muchos traumas y estás muy castigado psíquicamente, suelen ser destructivas. Ése y no otro es el origen de nuestros males. En los Salesianos, poco antes de mi caída en picado, nos hicieron leer «El hombre en busca de sentido», de Viktor Frankl. Cómo iba a imaginar cuando entonces que me iba a acordar tantas veces de la enseñanza de ese ya legendario libro. En él, explicado de manera breve y posiblemente chapucera, lo que se viene a decir es que, por encima de las circunstancias de la vida, lo más importante es el juicio que tú haces sobre ellas. O sea, tu diálogo interno.

Las personas con trastornos mentales, desequilibradas por mil y un avatares vitales, pierden el control de su cerebro. Esto implica, entre otras cosas, que ese juicio, que ese diálogo interno, sea siempre destructivo, lo que conlleva que la autoestima de la persona vaya desapareciendo por un agujero negro como el que hemos visto en imágenes recientemente. Y es cierto que en la vida puedes caer en agujeros muy negros, de una oscuridad inefable, para que despiertes de una puta vez. Vaya que si es cierto. En mi caso, he caído tan profundo que sólo puedo subir. Ya no hay más fondo. Pero como la mayoría de los seres humanos, sólo despierto a base de hostias. De hostias como panes, para ser riguroso. Porque si bien es cierto que las circunstancias mandan muchísimo, hasta el punto de que el libre albedrío tal y como lo entendemos NO EXISTE (gracias, Chitauri), no lo es menos que podemos tratarnos mejor.

De eso se trata cuando ya no puedes más. De aceptar, de rendirte, de perdonarte, de dejar ir y de comprender que ese diálogo interno no te lleva a ninguna parte. A ninguna buena, se sobreentiende. Pero como tras tantos años de hábito, esas conversaciones contigo mismo son tan difíciles de detener, por lo menos vamos a intentar que sean más amables, más condescendientes. También con los demás, por supuesto, pero empezando siempre por nosotros mismos. Todo comienza y termina en nosotros, en ti, en mí. Aunque te cueste esfuerzo sobre todo al principio, trátate bien, háblate bien, con respeto y con amor. Siempre hiciste las cosas lo mejor que pudiste y no tienes culpa de nada. Eres inocente. Completamente inocente. Siempre lo fuimos.

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1975 – Bohemian Rhapsody

El año en que yo nací, Freddie Mercury compuso una de las más gloriosas canciones que jamás escuchará el género humano: Bohemian Rhapsody. Dicho tema forma parte del disco ‘Una noche en la ópera’, compartiendo título con una de las comedias que más me han hecho reír de los hermanos Marx, otros genios que llevan dos siglos mitigando el sufrimiento ajeno, en este caso con el humor. La música también aparecía en sus películas, pero para romper el ritmo y por imposiciones del productor. Admiro mucho a los grandes humoristas, y de hecho me considero alguien con sentido del humor. Pero todavía admiro más a los cantantes y músicos, porque me siento un auténtico negado para entonar más de cinco notas seguidas sin causar daños auditivos.

Decía uno de los mejores locos de la historia que «La vida sin música sería un error» (sólo quienes tienen la capacidad para conmoverse con la música podrán comprenderla en toda su magnitud). Un día como hoy, especial para mí porque es el aniversario del que vi la luz por vez primera, podría haber seleccionado cientos de canciones. Pero ha sido Bohemian Rhapsody quien me ha elegido a mí, tras ver en Twitter esta emotiva versión grupal (flashmob en inglés) del clásico de Queen que también cumple 44 años, y por eso quiero compartirla con vosotros. Dicen que la canción, aunque su autor jamás lo aclaró, podría versar acerca de la muerte de su antiguo yo para convertirse en quien realmente siempre fue. Alguien perseguido por sus demonios que los exorciza a través de esta canción-confesión, que termina con la siguiente estrofa, muy reveladora:

Nothing really matters // Nada importa realmente

Anyone can see // Cualquiera puede verlo

Nothing really matters // Nada importa realmente

Nothing really matters to me // En realidad, ya nada me importa

Anyway the wind blows”. // En cualquier caso, el viento seguirá soplando

 

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Lecciones de vida, por Kase.O

En busca de la vida perdida

Por causalidad me he topado con esta entrevista al rapero Kase.O, del que desconocía su existencia hasta que lo descubrí en el blog de n0sce. El rap es un género que no sé apreciar, quizá porque en mi infancia y adolescencia me refugié en la música clásica y el pop. No sé si con los años tendré paladar para apreciar el arte de los raperos, pero puedo asegurar que me han encantado las reflexiones sobre la vida que he leído en la entrevista enlazada al comienzo de este artículo. Javier Ibarra, nombre real del protagonista de hoy en Sobrevivir, sabe de lo que habla, y lo resume perfectamente en la siguiente respuesta, a la pregunta de si medita o reza con frecuencia:

«A diario, hermano. Cuando me despierto doy mis gracias, rezo un par de veces y en la ducha enfoco el día. Ese momento es importante para mí. Después hago mis estiramientos, mis movimientos de cuello y mi conversación o deseo de que todo vaya bien. Por la noche igual. Ayer estuve muy malo y aún así dando gracias de saber que podía estar peor. El agradecimiento es vital porque si no vas por la vida pidiendo y pidiendo cuando ya tienes mogollón de cosas. Das a un interruptor y hay luz, a un grifo y hay agua…las pequeñas cosas a las que no les damos importancia. La belleza del planeta es para dar gracias. Eso lo hago a diario y me tranquiliza. Pido cosas también, por supuesto, pero antes doy las gracias.»

Y añade, tras la siguiente pregunta:

Desde el Jazz Magnetism empecé a quererme más, que es la clave. Empecé a respetarme y a perdonarme. Te vas desconectando de ti mismo, haces lo que los demás quieren, te dejas llevar y eso te lleva al desastre.»

La gratitud como permanente actitud vital, la oración, el quererte a ti mismo (que es la clave), el respetarte y el perdonarte, son las claves para reconectarte contigo mismo, y por ende con la vida. De lo contrario, te conviertes en una marioneta y eso, efectivamente, te lleva al desastre. Kase O. ha dado en el centro de la diana. Me rindo ante sus palabras.

Sólo cuando has tocado fondo, pero fondo de verdad, comprendes algo que no te enseñarán jamás en la escuela. Que la persona más importante de tu vida eres tú. Que nadie tiene derecho a maltratarte. Que la caridad bien entendida comienza por uno mismo. Y que estamos aquí para ser felices siendo nosotros mismos, y no niños buenos y obedientes mendigando cariño de gente que no te quiere, porque ni siquiera se ha preocupado de saber quién eres.

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